Imbolc
El 1 de febrero marca un ritual ancestral ligado al fuego, la purificación y el inicio simbólico de la primavera
Cada 1 de febrero se celebra el Imbolc, una de las festividades más antiguas del calendario celta, vinculada al ritual de la fertilidad, la renovación y la preparación espiritual para la llegada de la primavera. Esta celebración representa un periodo de purificación y renacimiento, donde la naturaleza comienza a despertar tras el invierno.
El nombre Imbolc significa “en el ombligo” (i mbolg) en irlandés antiguo, en referencia a la gestación de las ovejas. También es conocida como Oimelc, que se traduce como “leche de ovejas”, aludiendo al inicio del periodo de lactancia de estos animales, un elemento central en esta festividad.
Un origen profundamente celta
El Imbolc tiene raíces en las tradiciones ancestrales de Irlanda y Escocia, cuyos relatos folklóricos del siglo XIX y XX documentan estos rituales que acompañan el despertar de la naturaleza. Históricamente, la fecha se asociaba al comienzo de la lactancia de las ovejas, un suceso variable que podía ocurrir dos semanas antes o después del inicio de febrero.
Brígida: la diosa que preside el Imbolc
La festividad está estrechamente ligada a Brígida, la diosa celta conocida como “la flecha ardiente”. Era venerada como protectora de los artesanos, la poesía y especialmente de la forja, al representar la alquimia del fuego capaz de transformar los metales.
El Imbolc simboliza la llegada de Brígida, por lo que se encienden velas y fogatas como homenaje a su fuego sagrado.
Rituales y tradiciones
Las costumbres del Imbolc incluyen:
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Iluminar faroles en las entradas de los hogares.
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Realizar vigilias nocturnas en honor al fuego purificador.
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Encender velas y fogatas como símbolo de renovación y protección.
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Verter en la tierra la leche del primer ordeño de las ovejas, para estimular la vida, honrar al sol y dar la bienvenida al calor primaveral.
Con el paso del tiempo, el Imbolc también ha sido asociado al Día de Santa Brígida o Fiesta de la Candelaria, y en el neopaganismo moderno se reconoce como el Festival del Fuego, uno de los ocho Sabats de la rueda del año.

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